Día 16: Mundo exterior, mundo interior

28 de marzo.

¿Qué pasó ayer? España era timada por una empresa china al comprar 9.000 test sin licencia y de escasa fiabilidad diagnóstica. Un runner destrozó a martillazos el coche de una vecina que le regañó por salir. También publicamos en El Periodico una lista de películas sobre confinamientos, rollo si querías tener emociones aún más fuertes o ser masoquista nivel pro.

Mientras me tomo mi café en el balcón, mi roomba me está barriendo el salón. Mi robot de limpieza es mi otro animal de compañía, que además de limpiar me pasea a Pesto. La roomba es el mejor invento de la humanidad después de la #rueda (ME RECUERDAN QUE EL SEGUNDO ES LA LAVADORA). Pensemos 💆🏻‍♀️que por fin tenemos tiempo para aquello eternamente postergado: ordenar armarios, vaciar la habitación de los trastos en la que ya no puedes ni entrar, mandar a imprimir las #fotos de tus últimos 8 años de vida… (Tranquilos, los hay que llevan 8 años con el aplique de la lámpara por poner en su salón, y no miro a nadie…).

Hace un año ya tuve un ataque ‘redecora tu vida’, que empezó por Marie Kondo y aterró a la realidad con @ordenylimpiezaencasa@anabsgarcia mediante-. He mejorado, pero el caos no se cambia de un día para otro, pero sí ayuda a disfrutar más de estar #encasa(eso, y que llueva☔️).
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Nos espera una larga temporada en el nido, así que qué menos que crearnos nuestro pequeño oasis. Tengo la #hamaca 🌴en el armario, quizá tenga que volver a sacarla al salón.

Ayer fue un día muy largo en el trabajo, más llamadas, y no siempre con buenas #noticias. A veces es difícil encontrar un equilibrio entre ocuparte de lo que pasa fuera y cuidarte tú. Y las dos cosas son necesarias.

Actualidad 🏃🏻en el patio: los runners siguen sin aparecer. Las madres con los niños de ayer siguen bajando. Veo barrer a un viejito su balcón. Una señora mayor toma el sol desde la ventana. Otra mujer sale a fumar en bata. He metido a 🌱pesto dentro, tal y como me sugirió Marisa en los comentarios al post de ayer.

Día 15: tele-esclavos⁣

27 de marzo. ¡¡Por fin es viernesssss!! Salgamos esta noche… al balcón!⁣


¿Qué pasó ayer? Barcelona construía hospitales de campaña junto a los grandes hospitales. Dani Rovira anunciaba que tenía cáncer y el Barça planteaba reducir el salario de sus jugadores en un 70%

El chiste no es mío, sino que me lo he apropiado de un meme que corre por whatsapp. Pero carajo, ¡es viernes! Yo estoy encantada pensando en todo lo que voy a hacer este fin de semana: vaguear, que me lo merezco.⁣

Porque, sí señores, después de dos semanas de teletrabajo hemos descubierto que es una nueva forma de esclavitud del XXI, como decía la semana pasada Jordi Évole tras su primera semana confinado. ⁣

Era a finales de octubre cuando tuve mi primera experiencia larga de teletrabajo. Si hacéis un poco de scroll bajo este post, me veréis (bueno, en realidad a mi pie), laptop en mano. En plena vorágine informativa, y en concreto, el día de la huelga tras la sentencia del procés, me pegué un golpe con la puerta del baño y me fracturé -oh dios mío- la falange. Estuve confinada varios días porque simplemente no podía caminar. ⁣

De aquella experiencia me di cuenta que teletrabajar en un periódico es más estresante que estar en la redacción. Y estos días se multiplican los mensajes por mil canales: email, whatssapp convertido en el centro de operaciones, slack, redes varias… Nunca sabes por dónde puede salir alguien que quiera hablar contigo, ¿por el envase de yogur vacío?. Así que solo te queda pegar el culo en la silla y vivir con el frenesí de la última hora, porque no tienes más inputs que esos. ⁣

Me he inventado un sistema para poder trabajar de pie, que dicen que va bien para mejorar la postura. He colocado el portátil sobre una estantería. Hacking casero. ⁣

En mensajes me contáis lo loco que es teletrabajar con los niños de fondo o estar reunido eternamente. Las casuísticas son variadas. Para muchos no es esclavitud: es una tortura china. ⁣

Actualidad 🏃🏻en el patio: Volvió la mamá con sus niños del día anterior, así como otra mamá con el niño que pintaba a tiza. Los runners deben estar lesionados. Estoy preocupada por su repentina desaparición.
Volvieron también el padre e hijo polideportivos, otra vez con los guantes de beisbol. Pesto 🌱resiste, pero no me habéis dicho si lo saco o lo dejo dentro. Os manda recuerdos.

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Desde mi trinchera Esta semana ejercí la violencia contra mi misma. ¿Por qué? Porque soy así. En la calle la gente se está liando a palos, y yo digo, no. Yo, a mí misma. El momento elegido fue a las 7.30 de la mañana el día de la huelga. Ya había abierto el portátil. Quise entrar a oscuras en mi baño pensando que la puerta estaba completamente abierta -gran idea la de las puertas correderas-. Y en ese movimiento vi las estrellas y más allá. Pero pensé que había sido solo un golpe, y yo, que soy dura en apariencia, seguí como si nada, hasta que me puse los zapatos para ir al Periódico. Oye, que me duele, que no puedo caminar. Mi amiga Wara -que cualquiera diría que tenemos telepatía- me llama y es tajante: “Vete a Urgencias”. “El día de la huelga, ¿estás loca?” Le contesté yo. Pero ante la evidencia de que no podía caminar y el color aberenjenado que iba tomando mi pie, ¿qué podia hacer? Puse el portátil en la mochila, los dos móviles y algunas provisiones. La última vez que fui a esas Urgencias pasé 5 horas hasta que me atendieron. Esta vez no me iban a pillar desprevenida. Allí nos plantamos. Pero lo cierto es que no había nadie. Se ve que la gente tiene claro que uno no debe ponerse enferma si hay huelga o protestas varias. No como yo. El caso es que la doctora del cribaje me confesó: “No te lo vas a creer, pero es el sexto pie que veo esta mañana”. ¿Tanta gente paseaba excitada por su casa como pollo sin cabeza? A las pruebas me remito. Luego todo fue bufar-i-fer-ampolles. Radiografía. Fractura de #falange. ¿No podía ser de otra cosa? Pues se ve que no. Así que me he pasado 5 días metida en mi trinchera, entre mi portátil y la tele, y mi pie en medio en plan he-vingut-en-son-de-pau. Y ha sido extraño: seguir minuto a minuto todo lo que pasaba, y yo, sola en mi casa. Entre tv3 y Ferreras, la excitación no me ha faltado. Pero he sentido una cierta asincronía emocional entre la frenética actividad informativa, el chat del periódico y la quietud del salón de mi casa. Tendría que haber visto Betevé. Mañana vuelvo al periódico.

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Día 14: No estamos tan mal

26 de marzo. Son las 7 y no aguantaré mucho fuera. Mi iPhone dice que estamos a 7 grados. En mi balcón nunca da el sol. Y es una pena, pero os aseguro que en julio es una bendición.
Hace unos días una amiga que vive en Madrid me dijo vía mensajes de IG que envidiaba mi patio (que no es mío en ningún sentido, obviously). Vive en un piso sin balcón ni desahogo.

Llamé hace un par de días a una señora que vive con su marido con una enfermedad degenerativa avanzada. La poca ayuda que tienen se ha ido a su casa. Ni el enfermo ni la cuidadora principal tendrán un respiro.
Un amigo me contaba ayer que una madre soltera de su centro escolar vive en una habitación de una pensión con un hijo de año y medio y otra de seis.

Veía aquí en Instagram la llamada de Eduard Sala de @caritasbcn sobre las consecuencias del coronavirus ya visibles entre los más vulnerables.
O pienso en las mujeres que conviven con su agresor.
Estar encerrado en casa no es algo que hayamos soñado, pero hay situaciones que nos ayudan a no perder de vista de que no estamos tan mal. Y existe Netflix, HBO y Filmin . Y más.

Actualidad 🏃🏻en el patio
: ayer un niño dibujó a sus anchas el pavimento del patio. Era un mural impresionante. Cuatro gotas borraron el dibujo a tiza. Los runners no han vuelto. Dos niños más mayores bajaron al atardecer con su madre para dar unas patadas al balón. ¿Qué queréis que os cuente? Me empiezan a faltar ideas para este diario… Voy a poner la pregunta en Stories. 🌱El pesto os agradece la empatía mostrada con su situación. ¿Quizá tenga que sacarlo a pasear? (Ver foto 2)

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Diario de confinamiento día 14: No estamos tan mal Son las 7 y no aguantaré mucho fuera. Mi iPhone dice que estamos a 7 grados. En mi #balcón nunca da el sol. Y es una pena, pero os aseguro que en julio es una bendición. Hace unos días una amiga que vive en Madrid me dijo vía mensajes de IG que envidiaba mi patio (que no es mío en ningún sentido, obviously). Vive en un piso sin balcón ni desahogo. Llamé hace un par de días a una señora que vive con su marido con una #enfermedad degenerativa avanzada. La poca ayuda que tienen se ha ido a su casa. Ni el enfermo ni la cuidadora principal tendrán un respiro. Un amigo me contaba ayer que una madre soltera de su centro escolar vive en una habitación de una pensión con un hijo de año y medio y otra de seis. Veía aquí en instagram la llamada de #EduardSala de @caritasbcn sobre las consecuencias ya visibles entre los más vulnerables. O pienso en las mujeres que conviven con su agresor. Estar encerrado en casa no es algo que hayamos soñado, pero hay situaciones que nos ayudan a no perder de vista de que no estamos tan mal. Y existe #Netflix. Y HBO, y @enfilmin . Y más. Actualidad 🏃🏻en el patio: ayer un niño dibujó a sus anchas el pavimento del patio. Era un mural impresionante. Cuatro gotas borraron el dibujo a tiza. Los runners no han vuelto. Dos niños más mayores bajaron al atardecer con su madre para dar unas patadas al balón. ¿Qué queréis que os cuente? Me empiezan a faltar ideas para este diario… Voy a poner la pregunta en Stories. 🌱El #pesto os agradece la empatía mostrada con su situación. ¿Quizá tenga que sacarlo a pasear? (Ver foto 2) #yomequedoencasa

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Día 13: El día de la marmota

25 de marzo. Un día más mi cuerpo ha decidido levantarse a las 6, aunque hoy he remolonado en la cama hasta pasadas las 6.30. Son las siete, y solo he aguantado tomarme el café en el balcón antes de morir congelada.

Sí, amigos, nuestra rutina en casa se parece a la peli de Billy Murray. Trabajo 8 horas, antes dedico un rato a escribiros; por la tarde, yoga y llamadas, veo una serie acompañada virtualmente (Line of Duty, el finde pasado empecé Liar en HBO), y eso ha sido todo.

¡Ah! Me olvidaba: ayer dejé un cazo con agua hirviendo en el fuego. De repente olí que -pensé- a algún vecino se le estaba quemando algo. ¡Vaya! Era a mí.

Hace dos días publicamos en el periódico el testimonio de una familia de Milán tras casi un mes en cuarentena por el coronavirus. Era como mirar nuestro futuro con una clara revelación: nuestra vida en una semana no será diferente a la de hoy.

Andrea Bassani nos contaba la paradoja: a pesar de la excepcionalidad del momento, vivían un momento de tranquilidad en casa, solo entorpecida por el rato diario que utilizaban para seguir la rueda de prensa de protección civil. Sus sentimientos eran encontrados, entre la incertidumbre, el miedo y la nueva rutina con sus oasis de paz y encuentro familiar.

Mejor o peor tenemos una rutina a la que hemos sido capaces de acostumbrarnos. Y resistiremos. Cuando acabe esto, no creo que volvamos a nuestra realidad anterior, porque todo habrá cambiado. Ya no existirá. Pero como decía Pujol, “Això ara no toca”.

Actualidad 🏃🏻en el patio: salí a comer a mediodía con el anorak puesto. Vaya, que hacía frío. Cuál es mi sorpresa cuando, al mirar a un balcón, me parece ver a un chico sin #camiseta. Pero, ¡¡WAIT!! Al levantarse descubro que lleva un Mac en la mano y va en calzoncillos!! Creo que el
encierro nos está relajando en exceso…. Volvieron los del béisbol, y al anochecer, vi a un runner discreto. El pesto 🌱está en la últimas. ¿Lo meto mejor dentro o lo dejo en el balcón?

Día 12: The walking dead

24 de marzo. Son las siete y hace más fresquito que ayer en mi balcón. Ayer salí al súper. Puse un pie en calle y mis ojos empezaron a llorar. Me suele pasar por las mañanas.

Enfilé la rambla cuando vi que aquello era the walking dead (bueno, no la he visto, pero ya me entendéis). Me encontré a un vecino sintecho que trabajaba tranquilamente con chatarras junto a su carrito. Su cuarentena debió empezar hace mucho, ellos saben bien qué es el aislamiento.

Al llegar al supermercado, estaba bastante vacío para la hora que era. Caras largas, silencio sepulcral y estantes llenos. Hice la cola para pagar y al llegar a la cajera, le pregunté cómo lo llevaban y por qué no llevaba mascarilla. Me dijo que estaban pedidas pero que tardarían en llegar. De momento llevan guantes y una especie de barrera transparente les protegía. Su semblante se relajó de repente. Me contó que no había mucha gente porque los primeros días la gente arrasó con todo. “La gente tiene mucha comida en casa”. Le di las gracias y ánimos. Vi en su cara que no lo debe hacer mucha gente.

Al salir había ya cola para entrar y en ese momento mi madre me llamó. Mi madre es muy divertida con sus obsesiones maternales: comida, frío, posible enfermedad por ir descalza… Al reírme por la calle me di cuenta que desentonaba. Hasta me sentí culpable por reír en público. Qué terrible.

No estaba el portero de casa. Pongamos que se llamara Sr. Alfonso. El lunes pasado le pregunté qué hacía en la finca. Me dijo que su empresa no le había notificado nada, ni una comunicación sobre cómo protegerse. Lleva poco más de un año con nosotros y roza la edad de jubilación. El viernes hubo una pequeña revolución vecinal (ver imagen). Espero que ganara el sentido común. Quizá por eso no lo vi ayer.

En esta crisis no somos iguales: mandamos a trabajar a la gente que menos cobra. Los más débiles son los primeros en caer. Y luego vamos el resto. Ayer fue un día de sentimientos encontrados.

Actualidad 🏃🏻en el patio: poca, más que nunca. Ayer no vi a nadie. Necesitamos un balcón marchoso que anime al corral. 🌱 Hoy he reiniciado el riego a la planta de pesto. Sigue en la UCI.

Día 11: nuestra vida A.C.

Escribir en confinamiento

23 de marzo. Son las 7 y a las 6 abrí los ojos. Un tintineo irregular me despertó. Cuando abrí la ventana vi por qué.
Me gusta la lluvia durante la cuarentena. He salido al balcón a escribir y a ver llover. Algunas gotitas me salpican en los pies descalzos (por suerte, mi madre no tiene Instagram). La lluvia es como un consuelo durante el encierro. Ya sabéis que aquí en Barcelona, no sale nadie de casa cuando llueve. Es una de las cosas que me sorprendieron de mi etapa en Pamplona: la lluvia era tan frecuente que la gente no se planteaba dejar de salir.

Anoche una amiga me recordó que el miércoles pasado habíamos quedado para ir al cine. Yo lo había olvidado por completo. B se reía de nuestra ingenuidad de hace sólo una semana atrás. Ni cine, ni viajes, ni visitas ni abrazos. Nuestra vida se nos ha mostrado a todos en una fragilidad insospechada. Estos eran los pequeños planes, ¿pero qué grandes planes vitales habrán quedado aplazados?

Somos los protagonistas de un capítulo de #BlackMirror, los participantes de un gran experimento sociológico. Nuestra vida a.c. (Antes del Coronavirus). Pero en esta crisis no todos somos iguales. De eso me gustaría hablar otro día.

El domingo fue muy domingo. Eso me ha ayudado a descansar. Yoga, llamadas, capítulos de series -por fin- e información, la justa.

Ayer supimos que la cosa se alarga. He empezado a hacer una lista mental de cosas que me gustaría hacer cuando esto haya pasado. Quién sabe cuándo y cómo. Pero quizá nos ayude a no perder la perspectiva. ¿La hacemos?

Actualidad 🏃🏻en el patio: no sé si el decreto ha dado su resultado o si hay vecinos que se han quejado (o si hay gente que se fue de finde). Pero el patio ha tenido muy poca actividad. Ni rastro de runners, antes tan metódicos. El padre e hijo del bádminton, ayer aparecieron con guantes de béisbol. Gente polideportiva. Una mujer salió a caminar mientras hablaba por teléfono. 🌱He podado al pesto: es poca la esperanza, pero hay.

Día 10: Sobreviviremos

22 de marzo. Tras los aplausos de anoche, el patio se desató -que somos poco de desatarnos- y alguien puso la banda sonora del encierro: I will survive, el himno de Gloria Gaynor.

Mi post de ayer sobre el confinamiento en soledad provocó un overbooking de mensajes y llamadas. Gracias a todos. Lo que me contasteis es como un puzzle llamado coronavirus.

Telefoneé a una pareja de amigos. Ambos son médicos de cabecera y llevan días con fiebre. Les dijeron que vendrían a hacerles la prueba pero ahora ya no lo esperan. Se han atrincherado en casa y saben qué hacer. Lo que les preocupa es lo que pasa en los hospitales: “Mucha gente podría sobrevivir pero necesitas unos medios que están agotados”. P. me explica por qué hay personas que pasan la infección de manera más leve. Además de no tener enfermedades previas y el sistema inmune de cada uno, la carga vírica a la que uno ha estado expuesto puede marcar la diferencia. Su madre tiene 82 años y está sola. “Si enferma, se nos va”. Hay que estar en casa, hoy es lo más eficaz, me dice P.

Hablamos de las consecuencias que tendrá esto. “Lo primero que hay que salvar son vidas, luego la economía”. Hablo también por teléfono con un par de parejas con hijos. Los peques llevan bien el encierro una vez creada una rutina. Lo que todos creen imposible es teletrabajar.

Una amiga lo lleva con verdadera angustia. 🧑🏻‍💻Otro amigo madruga para poder trabajar un par de horas antes de que se despierten las fieras. A otra le ha llegado el bulo que los niños no volverán hasta septiembre: está al borde del paro cardíaco.

Llamé a S., una amiga que también pasa la cuarentena sola. Bregada en la alta montaña, se toma la cuarentena como una subida a un 3.000. Entrenamientos online y tareas la domésticas la tienen ocupadísima.

Fui a llevarles algo a mis padres. Intercambiamos productos en la puerta. Mi madre me hizo la entrega solemne de unos guantes de látex y una mascarilla que ella misma ha cosido. Y por supuesto, un tupper. Ya estoy lista para lo que sea.

Actualidad 🏃🏻en el patio: no mucha. Solo vi a un chico paseando a un bebé, ni rastro de runners. La planta de pesto no mejora. 🌱Para colmo, le arranqué sus últimas hojas para mi pizza. #Pesticidio#yomequedoencasa

Día 9: Confinamiento en soledad

21 de marzo. Son las las 6 de la mañana del sábado y me he vuelto a despertar espontáneamente. Me he tomado un nesquik caliente, que es lo que dice mi madre que ayuda a dormir. Y aquí estoy sentada en el balcón, viendo amanecer cuando todo está en silencio. Hoy no trabajo, ¿podríais decírselo a mi cuerpo? No me chilles que no te veo.
Ayer Jordi Baste contó que pasa la cuarentena solo y que se le hace “mentalmente insoportable”. Es un reto, por no decir directamente que es una mierda. Han sido 8 días de intensísimo trabajo en el periódico con un foco al 90% en el coronavirus. Cuando bajo la pantalla del ordenador, intento no poner la tele, no leer más noticias en mi móvil, abstraerme de la realidad. Pero no siempre es fácil engañar a tu cuerpo.


Mis padres viven cerca pero no he ido a verlos. Ayer hicimos la primera videollamada (un descubrimiento para ellos), antes fue el teléfono tradicional. Ellos están bien, tienen dos terrazas majas y un pequeño huerto urbano con vistas a Montjuic
Ayer hice yoga con una amiga por videollamada de Whatssapp. No sé cómo lo hicimos, pero salió… 😂
La tecnología aligera, pero nada puede sustituir el contacto humano. Así que, si tenéis amigas, amigos solos, llamadles. Lo agradecerán.

Me pone un poco nerviosa los mensajes positivos que tratan de enmascarar un malestar. Tenemos que hablar de lo que nos pasa. No pasa nada por contarlo. Explicarlo ayuda a curar. La vulnerabilidad nos conecta con el mundo. Que mi equilibrio cojea, está claro: ¿cómo si no os hablaría de mi planta de 🌱#pesto moribunda? Cuidémonos, pensemos en toda aquella gente que nos importa.
Mi plan para el finde es: jardinería, cocina, limpieza, leer un libro de papel y ver series acompañada virtualmente. ¿Y el vuestro?

Actualidad 🏃🏻🏃🏾‍♀️en el patio: Los que corrían, ayer caminaban y uno de ellos fumaba. La vida sana ha llegado a su fin. Gente que juega con sus hijos, quizá más que nunca. La planta de pesto sigue en la UCI (ver foto). #yoquedoencasa y #hagoloquepuedo

Día 8. Delincuentes

19 de marzo 2020. Selfie tomando el sol en el confinamiento

20 de marzo. No llevamos ni una semana de confinamiento y el Gobierno decretó que tampoco se pueden utilizar espacios comunes privados para pasear o correr. Lo que convierte a todos mis vecinos que bajaron ayer en unos delincuentes. Pero ya ven, aquí los tienen, cometiendo un segundo crimen: jugar a bádminton. Alguno de vosotros ha supuesto que yo puedo acceder a este patio. No, es de los de la finca a la izquierda. Así que solo me queda aprovechar mi balcón de 3 metros de largo por 1 metro de ancho.

Tengo algo que confesar: yo también delinquí. Salí a mediodía a comprar pan y 3 cosas más que me faltaban y de repente, me sentí como una alienígena: un rayo de sol alcanzó mi cara.

Me detuve, miré a lado a lado de la rambla por la que iba, inspeccioné ocularmente los balcones de delante y los de detrás, y de repente, lo hice. Me senté en un larguísimo banco, sin tocarlo con las manos, levanté la cara, cerré los ojos. Y allí, me posé como si fuera un girasol durante 5 benditos ☀️minutos. Me parecieron mejor que un viaje al Caribe.


Ayer leí una crónica de Íñigo Domínguez en El País. Se titula: Éramos felices y no lo sabíamos. Encontré algo de consuelo. Leedla

Rabiosa 🏃🏻‍♂️actualidad desde el patio: los delincuentes que salen a correr bajo la lluvia del segundo día, salen todos los días. El resto de gente es variado y veo que se alternan. Gente fumando en los balcones, trabajando con el portátil, haciendo ejercicios, colgando ropa. Mi planta de 🌱pesto sigue en la UCI. Seguiremos informando.


#yomequedoencasa

Día 7. Por qué no puedo dormir

19 de marzo. Son las 6 de la mañana y no puedo dormir. Así que he decidido ponerme a escribir. Lo primero que me pregunto es por qué no puedo dormir. Me cuesta desconectar, me cuesta abstraerme de lo que nos está pasando. Y no me refiero al virus, que parece el enemigo invisible de la película de Buñuel, El Ángel Exterminador, sino a esta anormalidad autoimpuesta de seguir haciendo tus 8 horas como si todo fuera igual. Y no lo es. Supongo que mi cuerpo se rebela.

Ayer no hubo súper. Hubo: ‘Bajo la basura de noche y doy una vuelta rápida a la manzana’. Como una voz interior muy chillona se oía a todo trapo Resistiré. No pudo más que sacarme una sonrisa. ¿Pero de dónde??! Me acerqué como un niño en busca del sonido de la flauta de Hamelín para descubrir que dos chicos habían sacado al balcón la mesa de mezclas y dos bafles con patas. Otra vez creí estar en un sueño. Luego vino ‘Mataré las penas de mi corazón’ de Bisbal y aquello se tornó a pesadilla. Así que me alejé del sarao para volver a casa.

Mientras tanto, en mi mundo de 80 metros cuadrados estoy en plena operación ‘Salvar a la planta de pesto. 🌱Un exceso de riego -tras una falta de recurso hídrico- me ha llevado a tratar de quitar humedad a la pequeña planta que me acompaña trabajando. Al final tuve que buscar una solución -gracias, internet- envolverla en en papel de periódico durante 24 horas. Seguiré con el capítulo jardinería urbana durante el fin de semana. .
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Actualidad 🏃🏻‍♂️del patio: ayer hubo sesión de doble. Cacerolada a las 12, aplausos a las 20h, cacerolada larga a las 21h. Hubo fútbol, gente corriendo de noche y paseo de una pareja con carrito de bebé. La nueva normalidad es que saludes con una sonrisa comprensiva a los extraños. Es la empatía de ‘¡Qué jodidos estamos!’. Pero la vida del patio está amenazada. Una lectora de este diario me avisa que el gobierno quiere acabar con el uso de patios y terrazas privadas de uso vecinal. Y ahora, ¿qué?